El senador Amílcar Romero, un exministro de Agricultura que vuelve a sonar para el cargo, ha salido al paso a la posibilidad que se recurra a la importación masiva de carne de pollo para enfrentar la carestía que se ha registrado en el precio del alimento. En la medida que se han encampanado se ha tanteado la importación como salida para abaratar los precios al consumidor del producto. Pero Romero sabe que la crisis tiene que ver con los costos de producción y de ahí que se haya solidarizado con los productores al reclamar un equilibrio entre la producción y la demanda. Los productores, estigmatizados por las propias autoridades, han advertido que la carne, que se vende entre 50 y 60 pesos la libra, podía subir más como resultado de alza en los insumos que se utilizan en las granjas. La soya, el maíz y las grasas han experimentado alzas sustanciales en los mercados. Pero en lugar de enfrentar la realidad del mercado, las autoridades se han decantado por una estrategia que para algunos esconde el interés de justificar importaciones. Dentro de ese propósito se inscribiría el boicot a la venta patrocinado el martes por varias organizaciones. La crisis, por lo visto, se ha convertido en una lucha de intereses.
Empresarios preocupados
El proceso electoral marcó un halo de esperanza para los empresarios de Haina, porque al cabo de muchos reclamos se inició al menos la reparación de las calles. Pero la culminación del certamen no ha tardado en devenir en una pesadilla al evaporarse el dulce sueño con la paralización de los trabajos. El presidente de la Asociación de Industriales y Empresas de Haina y la Región Sur, Flavio Rodríguez, ha censurado que obras tan importantes para el desarrollo estén condicionadas al interés político. Además del deterioro de las calles Rodríguez se queja de la falta de un entorno adecuado para operaciones productivas y de la inseguridad de la ciudadanía. Las vías de la zona industrial, en la que laboran muchas personas procedentes de Santo Domingo y San Cristóbal, están intransitables, lo que, obviamente, encarece los costos. Para colmo de males, la criminalidad y la delincuencia son un azote, sin que de nada hayan valido las denuncias del sector empresarial.

