Página Dos

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La plaza Mauricio Báez, en la San Martín con Leopoldo Navarro, es uno de los espacios más céntricos de la ciudad. Sin embargo, es de los menos vigilados, a pesar de la relativa cercanía con el Palacio de la Policía, la sede de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) y la Hermandad de Pensionados. A la vista de todos, pero  sin que nadie se percatara, las 120 lámparas de neón y la mayoría de las placas de bronce de las estatuas y monumentos fueron sustraídas como por arte de magia. Y eso, que durante su inauguración el 4 de mayo de 2007, el alcalde Roberto Salcedo había garantizado que la plaza contaría con un servicio de vigilancia permanente. Los robos de metales se han convertido en un escándalo público, a tal punto que en modo alguno ha de olvidarse la proeza  de los obreros que trataban de desmantelar a mandarriazos piezas del puente Juan Pablo Duarte. Lo de la plaza San Martín no es más que otro llamado de alerta sobre un delito cuya finalidad la conocen hasta los chinos de Bonao. Pero no hay forma de que las autoridades puedan poner el cascabel al gato para frenar una práctica que ha puesto a República Dominicana entre los grandes exportadores de metales de la región. Aunque no cuente con minas de cobre ni de bronce.

Blanco de denuncias

El ministro de Agricultura, Salvador Jiménez, se ha convertido en blanco de una intensa campaña, precisamente en víspera de la renovación de la gestión administrativa del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). ¿Será mera casualidad? En principio los ataques provenían de sectores que Jiménez vinculaba con la oposición, como los productores agropecuarios. Pero ahora son de todos los frentes y por cualquier cosa. La supuesta distribución de los módulos del Merca Santo Domingo es la última arma que se ha utilizado para desacreditar una gestión cuyos resultados el presidente Leonel Fernández ha enarbolado como sustento de los logros de su régimen. Además de las denuncias ha sido víctima de huelgas y carestía de productos del agro. Si bien estaba siempre para defender las embestidas, ahora ha optado por guardar silencio y dejar que el agua corra. No se sabe si aspira permanecer en el cargo, lo cual es muy natural, pero de que le están tirando, le están tirando.

El Nacional

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