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El tiroteo ocurrido a media mañana de ayer en Herrera, durante el cual fueron abatidos dos presuntos atracadores y un teniente de la Policía resultó herido, constituye otro signo perturbador de la dimensión alcanzada por la criminalidad. Pero, por más espantada y enardecida que esté, hay que evitar que la población se envuelva en la guerra que sólo la Policía está facultada para librar con la violencia y la inseguridad. Una multitud, entre la que figuraba el teniente de la Policía Fidel de León Torres, persiguió a José Alberto Ciprián, a Cristhian Quezada Méndez y una mujer no identificada que habían herido durante un atraco, en la avenida Isabel Aguiar esquina México, de Herrera, al motoconchista Richard Argeny Ortega. Los atracadores viajaban en un Toyota Corolla. Antes de caer abatido de dos disparos del teniente De León Torres, Ciprián lo hirió de tres disparos. Los otros dos fueron detenidos. El suceso constituye una nota, inquietante por demás, sobre el auge de la criminalidad y la determinación de la población de tomar partida en las acciones contra los antisociales. Alienta que la población esté dispuesta a colaborar en beneficio de su propia seguridad, pero no ha de olvidarse que la tarea de preservar el orden compete a las autoridades.

Pasaje en Omsa

Al justificar el alza de cinco pesos en el precio de los pasajes el director de la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (Omsa) evidencia la difícil situación en que se encuentra la entidad. Ignacio Ditrén señaló que el alza salvó del colapso esa empresa estatal. Si es así, es posible que el aumento no fuera tan necesario como bajar unos costos operativos que se han denunciado como excesivos. Como todos los entes estatales la Omsa es víctima de un déficit generado no sólo por una tarifa en los pasajes que no se corresponde con sus costos, sino por el clientelismo político. Aunque no se descarta, por supuesto, que se necesitara una justa revisión de una tarifa que según el director del organismo data desde 2003. Cabe resaltar que aún con el aumento los pasajes en la Omsa están muy por debajo de los que cobran los choferes de carros públicos y las voladoras, cuyas operaciones son también subsidiadas por el Estado. Pero la decisión no deja de ser polémica.

El Nacional

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