A los militares hondureños que ejecutaron la detención y deportación del presidente Manuel Zelaya, emanada de un juez de la Corte Suprema de Justicia, se les quiere cobrar ahora los platos rotos por el golpe de Estado del 28 de junio de 2009. Como si no hubiera sido parte de la trama golpista contra Zelaya, el presidente del tribunal acogió una instancia de la Fiscalía para enjuiciar al jefe de las Fuerzas Armadas, general Romeo Vásquez, y a otros cinco oficiales por la acción. ¡Cuánto cinismo y descaro! A quienes se tiene que perseguir en Honduras es a los que idearon y ejecutaron el golpe de Estado, en modo alguno a quienes, como los militares, no hicieron más que cumplir órdenes. Si lo que se busca es justicia entonces que se comience por el presidente de facto Roberto Micheletti, por los congresistas, la Corte Suprema de Justicia y los sectores que intervinieron en la siniestra trama. La ley no puede ser sólo para una parte de los participantes, sino para todos. Ese es el sentido de la justicia, que obviamente no es lo que se busca con el indignante circo que se ha montado contra los militares. Los ideólogos del espectáculo deben apuntar para otro lado, porque los responsables del golpe no fueron los militares sujetos a juicio.
Bianca la Gorda
El asesinato de Vianesa Cesarina Capellán Pérez (Bianca la Gorda), ocurrido el 6 de diciembre de 2008, había permanecido como un misterio hasta que emergió el nombre del capo boricua José David Figueroa Agosto. Hay quienes piensan que atribuir el crimen de la supuesta celestina a Figueroa Agosto ha sido una maniobra para cerrar un capítulo tenebroso. La aclaración, sin embargo, no despeja las conjeturas en torno a la muerte de la mujer, acribillada tiros a las 5:00 de la mañana en las inmediaciones de la avenida Independencia con Alma Mater. Las autoridades se limitaron a decir que Bianca la Gorda fue abatida por orden de Figueroa Agosto, pero sin presentar ningún indicio concreto. A lo más que se llegó fue a afirmar que el fugitivo boricua estaba molesto porque la supuesta celestina buscaba clientes para sus mujeres. Pero ni siquiera para satisfacer la curiosidad presentó pruebas de uno de esos supuestos clientes. Sin duda que el crimen todavía se presta a conjeturas.

