La Junta Central Electoral (JCE) aprobó que los presos preventivos puedan sufragar a partir de las elecciones de 2012. Al margen de la controversia a que puede prestarse, la decisión plantea grandes desafíos para el sistema penitenciario. Es competencia de la Direcciones de Prisiones crear las condiciones para que los reclusos puedan sufragar con las mismas garantías que cualquier otro ciudadano. Vale presumir que todos los pormenores en torno al sufragio de los presos preventivos fueron abordados durante el encuentro en torno a la iniciativa que sostuvieron el procurador general de la República, Radhamés Jiménez Peña, y el presidente de la JCE, Roberto Rosario. Al dar rienda suelta, se deduce que Jiménez Peña analizó bien los pros y los contras. En principio se habló de que sólo pudieran sufragar los recluidos en las denominadas cárceles modelos, pero en materia de derechos no puede haber excepciones. Todos los presos que todavía no han sido procesados y que están diseminados en distintos penales tienen derecho a sufragar en las elecciones de 2012. Conscientes del problema, se supone que las autoridades sabrán como abordarlo. La JCE cumplió con la resolución para que los presos preventivos puedan votar.
Boronas a educación
El obispo de la diócesis de La Vega, monseñor Antonio Camilo González, le entró a dos manos al Gobierno con relación al sistema educativo. Otras administraciones también recibieron lo suyo en la homilía en que el religioso criticó que en el Presupuesto sólo asignan boronas para la educación. Para el 2012, el Gobierno dispuso un 3% y no el cuatro que consigna la ley y mucho menos del 4,09 que había pedido el Consejo Nacional de Educación. Las críticas del obispo de La Vega encartan con las protestas que ven poco interés gubernamental en el desarrollo social a través de una mayor inversión en la escuela. Camilo González advirtió que mientras menos se invierta en educación más expuesta está la nación al incremento de males como la criminalidad, y el narcotráfico. Y es que, como opinan muchos, la falta de conocimiento limita las oportunidades para una juventud que, atrapada, se inclina por la calle para satisfacer necesidades materiales.
