La Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) ha calificado de sabotaje el aparente robo de piezas de una torre de transmisión en Bonao, por el que se detuvo y sometió a cinco personas. Aunque no sea cuestión de semántica, tanto en términos jurídicos como lingüísticos hay una gran diferencia entre sabotaje, una acción deliberada para hacer daño, y delincuencia común. Lo alarmante en el caso de las barras, tornillos y otras piezas desprendidas de la torre de alta tensión y que de acuerdo con las autoridades fueron localizadas en una fundidora de metales, es que los presuntos culpables no repararan ni siquiera en los riesgos personales. La CDEEE, que ha vuelto a ser blanco de protestas por los apagones, sostiene que la instalación fue derribada a causa del supuesto sabotaje. Sin embargo, las imágenes que se han difundido no la muestran siquiera inclinada. Como la torre de Pisa. El desmantelamiento a mandarriazos de piezas del puente Duarte, por el que fueron detenidas dos personas, tendría la misma calificación. Lo que la CDEEE ha definido de atentado contra el sistema eléctrico es una acción, aunque grave, similar al robo de cables telefónicos, eléctricos, de paneles solares, tapas de alcantarillas y metales para fundición.
Las garras del crimen
Asesinatos como el de una empresaria de La Romana son otro signo de alarma sobre la criminalidad que atenaza el país. Los primeros informes dan cuenta de que Luz María Santana, de 65 años y dueña de una mina de caliche, fue asesinada para robarle. De hecho, se ha informado que a Santana, cuyo cadáver fue encontrado atado de pies y manos y con un trapo en la boca, la despojaron de más de un millón de pesos que poseía en una caja fuerte. Múltiples crímenes describen cuán tenebrosas se han tornado las garras de una criminalidad que cada día cobra nuevas víctimas de todos los estratos sociales. Nadie está seguro ni siquiera en la iglesia. Pero casos como el de la empresaria aterrorizan más a la población y ratifican que la criminalidad, por más que se trate de relegarla para evitar alarmas, se ha convertido en una preocupante amenaza. A tal punto que la población siente sus garras. Desmontar la atmósfera que genera tanta violencia es el principal desafío de las autoridades.
