Si los trabajadores cañeros tuvieran siquiera un ápice o una pizca de la influencia del contralor general de la República los expedientes sobre su añeja solicitud de la pensión que por ley les corresponde no se habrían dañado en los archivos del Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS). Pero tan desamparados están que ni siquiera la mediática claque sindical, entre los cuales hay muchos que sí han sido pensionados, aunque nunca hayan dado un golpe, ha tomado su vía crucis como bandera reivindicativa. La odisea de esos ancianos, que dejaron sus vidas en los bateyes, contrasta con la eficiencia con que Haivanjoe Ng Cortiñas y otros servidores de la Superitendencia de Bancos se pensionaron por un total de más de 20 millones de pesos mensuales. Ante el escándalo, Ng Cortiñas, no sin prepotencia, renunció a los 650 mil pesos mensuales con que se había pensionado, pero los restantes, entre los que hay con más de 300 mil y 400 mil, no han abierto la boca. La investigación de que se ha hablado por el escándalo está en veremos. Mientras funcionarios, intelectuales, periodistas y artistas pueden gozar de fabulosas pensiones, los expedientes de los trabajadores cañeros se dañan en los anaqueles, sin que nadie se conduela de su desgracia.
Rastro avioneta
La avioneta que se precipitó el viernes en Tireo, Constanza, ha servido de eslabón para dar con una supuesta red internacional de narcotráfico, de la que formaría parte el propietario de Caribair, Rafael Senén Rosado Fermín. El caso, por el que están detenidos otros empresarios y militares, volvió a sacar a relucir la falta de coordinación entre las Fuerzas Armadas y la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) en los operativos contra el narco. Antes de que se conocieran los resultados de la investigación que anunció el ministro Sigfrido Pared Pérez, la DNCD explicó que el capitán Anthony Eduardo Leyva Pérez, quien murió en el accidente de la avioneta, era un agente encubierto. En medio de las investigaciones es que la DNCD anuncia la detención en Santiago de los empresarios Sergio René Gómez Díaz y Christian Antonio Suárez Javier, así como del piloto Holmes Errol Outram, de Bahamas. De todas formas se espera que no queden cabos sueltos.

