El acto con el cual la Fundación Institucionalidad y Justicia (Finjus) celebró el 20 aniversario de su fundación se convirtió en un torrencial de observaciones al presidente Leonel Fernández sobre la situación del país y el papel de las leyes. Tras advertir que la democracia en República Dominicana está en peligro por la falta de voluntad o de un sistema para castigar las violaciones de las leyes, Marino Ginebra Hurtado, presidente del consejo de directores de Finjus, cuestionó la debilidad institucional. El presidente Leonel Fernández había señalado en el acto que con la nueva Constitución en el país se había logrado una revolución institucional y democrática que lo ha colocado a la vanguardia del siglo XXI. Pero Ginebra Hurtado advirtió que sin voluntad para hacer cumplir las leyes, sobre todo frente a quienes delinquen, y sin fortalecer las instituciones, República Dominicana está llamada a enfrentar grandes problemas para avanzar. Insistió en que la posibilidad de desarrollo es lejana en los países donde reina la impunidad y donde los intereses particulares están por encima de las leyes. Como colofón señaló que sin un clima de convivencia pacífica con índices adecuados de seguridad ciudadana no florecerán los negocios. Y no fue todo.
¿Cuál es el temor?
Las libertades públicas y la madurez de la población se resquebrajan a niveles vergonzosos con la acción judicial para impedir un museo sobre el dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina. Y más cuando la intención del museo que el diputado Leivin Guerrero ha propuesto instalar en San Cristóbal no es para exaltar la memoria del dictador, sino para recrear la historia. ¿Tiene algo de malo que se conozca toda la historia de Trujillo o hay que atenerse a versiones distorsionadas o interesadas? ¿Cuál es el temor de que se conozca la obra completa? No se trata ya de que es ilegal cualquier actividad trujillista, sino que las acciones contra un museo atentan hasta contra la sensatez. Muchas naciones europeas explotan turísticamente los objetos de dictadores y genocidas como Hitler, Mussolini, Stalin, Napoleón y otros sin ningún tipo de miedo. Es insólito el pánico hasta a la mención del nombre de Trujillo, cuyas prácticas no se superan.

