Pese a las alharacas de las autoridades, las quejas sobre el arriesgado, costoso y caótico sistema de transporte no hacen más que multiplicarse. La anarquía ha alcanzado cotas preocupantes, a tal punto que para el semanario Camino, el órgano de la Iglesia católica, las frecuentes violaciones de la Ley de Tránsito son la demostración más elocuente del grado de descomposición que padece nuestro país.
El juicio puede ser controversial, pero connota la dimensión alcanzada por el transporte como expresión del desorden y la crisis de autoridad.
Apenas un 3% cumple el pago de las multas, mientras hay conductores hasta con 400 contravenciones. Las violaciones son tan alarmantes que hace unos días la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) informó que había impuesto unas 7,400 contravenciones a conductores por diferentes delitos, de los cuales los más frecuentes son cruzar los semáforos en rojo.
El tráfico no es una preocupación solo del semanario Camino. Diplomáticos y representantes de entidades internacionales citaron la circulación de vehículos por calles y carreteras como uno de los males que conspiraba contra el desarrollo de la industria turística. O sea, que razones para alarmarse hay de sobra.
