Al director de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (Oisoe) no pudo caerle peor, por todo lo que representa, que diferentes organizaciones de San José de Ocoa asumieran construir una carretera con sus propios recursos. Pero cansados de las promesas incumplidas y de la demora del Gobierno para rehabilitar la obra ¿qué otra cosa podían hacer las entidades? Antes que sentarse a esperar el entierro de su enemigo o promover huelgas y protestas sociales, simplemente acordaron aportar los recursos para reparar los 39 puntos críticos que afectan la carretera que comunica con el municipio. Pero el director de la Oisoe, Luis Sifres, considera que la iniciativa no procede e instó a los ocoeños a tener fe en que el Gobierno reparará la vía. Paciencia es lo que más han tenido, sobre todo tras el presidente Leonel Fernández ordenar en diferentes ocasiones al Ministerio de Obras Públicas corregir daños que datan desde 2007 a raíz de las tormentas Olga y Noel. Que los ocoeños asumieran la obra tampoco es un fenómeno aislado, pues muchas otras comunidades han tomado la misma decisión frente la demora o la inercia de las autoridades. El caso de los ocoeños es un ejemplo que el Gobierno debe tomar muy en cuenta.
Premiados en la mira
Como está la cosa cualquiera quisiera tener la dicha de ganarse el Lotto o unos de los premios de la Lotería Nacional. Pero aparecer retratado en los medios, un hábito del que gusta tanto el ministro de Deportes, Felipe Payano, supone un riesgo digno de pensarse. Y es que la publicidad es un aviso para la delincuencia que pone en riesgo la vida del agraciado. Dar con el premio sería fantástico, pero la promoción puede ser un lío. La Lotería Nacional y las demás empresas que patrocinan rifas millonarias deben pensar en las consecuencias de la publicidad para los afortunados. Nadie ignora la dimensión alcanzada por una delincuencia que no repara ni en las hostias de las iglesias. La publicación de fotos en los medios de los ganadores debe suprimirse para garantizar la seguridad de los agraciados y sus familiares. Deben dejárselo al ministro de Deportes, que no tiene ningún riesgo, además de lo mucho que le gusta. La sugerencia, como está la cosa, merece ponderarse.
