Agotan Ultimos cartuchos
En tanto Barack Obama y Mitt Romney agotan sus últimos cartuchos para las elecciones del martes, la prensa estadounidenses, que sabe cuál es el papel que le corresponde, ha encontrado que en los debates uno y otro candidato recurrieron a la mentira para persuadir al electorado.
A Obama se le ha criticado por presentar estadísticas que le benefician y por decir que su rival veía en las duras leyes migratorias de Arizona un modelo para el país, cuando en verdad Romney solo hizo referencia a un punto muy concreto. Habría que ver el escándalo que supondría si uno de los contendientes se vale de recursos ilícitos o ilegítimos para apuntalar sus aspiraciones, como sucede por estos predios, donde además los procesos se caracterizan por la manipulación y la tergiversación más aviesa. Se descarta que las mentiras puedan constituirse en un factor determinante, pero los señalamientos son una muestra del papel vigilante que juegan los medios de comunicación. Y hasta un saludable referente para este país, donde los intereses personales de los periodistas suelen extrapolarse a los profesionales. Con todo y ser el gran favorito para ganar las elecciones del 6 de noviembre Obama ha sido el más censurado por recurrir a afirmaciones que faltarían a la verdad.
A prisión Berlusconi
El ex primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, es uno de los hombres más ricos e influyentes de su país. Dueño de medios de canales de televisión, equipos deportivos y muchos otros negocios que lo convierten en un magnate. Pero su inmensa fortuna ni los amarres que realizó cuando era primer ministro han sido óbice para que el Tribunal Penal de Milán lo condenara a cuatro años por fraude fiscal. Con él también ha sido condenado el empresario Fedele Confalonieri, presidente de la firma Mediaset, propiedad del expremier. No se trata del único juicio que Il Cavalierie tiene abierto en los tribunales. La sentencia es uno de los avisos más auspiciosos para aquellos gobernantes que se burlan de las leyes porque se consideran fuera del alcance de la Justicia. Berlusconi nunca pensó que con su poderío económico y su influencia política, aunque bastante mermada, podía ser condenado dizque por fraude fiscal. Su caso se ha convertido en un siempre oportuno mensaje.

