La recuperación de la economía, cuya crisis ya ha pasado facturas a presidentes como el estadounidense Barack Obama, tendrá que esperar más tiempo. No es que la solución dependa de fórmulas mágicas, pero cumbres como la que acaba de celebrar en Seúl el G-20 generan siempre expectativas. Pero el encuentro fue un fracaso. Si en algo pudo avanzarse, aunque en forma apenas reseñable, fue en controles y supervisión de los grandes bancos para evitar que se repitan desplomes como los que hundieron la economía estadounidense y de otras potencias mundiales. Pero pulsos como el de la guerra cambiaria que se atribuye a China y las emisiones inorgánicas estadounidenses para dinamizar su economía quedaron para otro encuentro de los líderes de las 20 naciones más poderosas del planeta. Tan atrincherados estaban todos en sus posiciones, que se prefirió dejar algunas decisiones financieras en manos del Fondo Monetario Internacional (FMI). La falta de compromiso para enfrentar los desafíos significa que están vigentes los riesgos de otra crisis como la que hace dos años hizo estragos en el planeta. El pesimismo que había matizado la apertura no era para esperar mucho, pero tampoco una conclusión tan decepcionante.
Política coherente
El presidente de la Asociación Dominicana de Exportadores (Adoexpo), Kia Schoenhals, ha tocado una fibra sensible al advertir sobre la necesidad de política comercial clara, coherente y coordinada. Es obvio que la advertencia está fundamentada en múltiples conflictos que han surgido tanto en la producción de bienes y servicios como en las relaciones comerciales. Aunque visualizó un panorama alentador para las exportaciones, el dirigente empresarial destacó que si el país no produce y diversifica el destino de sus artículos corre el riesgo de perder la cuota internacional y su propio mercado interno. Las reglas claras, que parecen uno de los puntos más débiles, son fundamentales para consolidar y relanzar un aparato productivo con buenos mercados para colocar sus mercancías. Schoenhals favoreció una redistribución que incluya el 25 por ciento para Estados Unidos, igual proporción para Haití, Caricom y Centroamérica y el restante para Europa y Asia. Debe pensarse.

