Causa profunda preocupación el saqueo perpetrado contra uno de camiones del Plan Social de la Presidencia que pretendía distribuir miles de raciones alimenticias entre damnificados del terremoto que destruyó a Puerto Príncipe. Se dijo que el chofer del vehículo se estacionó por error en uno de los laterales del destruido Palacio Nacional, y que fue asaltado por una turba de damnificados que cargaron con todo lo que llevaba el camión. Es ese un hecho grave que debería poner en auto a las autoridades e instituciones de la sociedad civil que participan en los operativos de asistencia en Haití. Ante la lentitud que se observa en la distribución de alimentos, agua potable y frazadas, muchos afectados optan por saquear vehículos e instalaciones, lo que incluye riesgo de agresión contra socorristas. Lo mejor sería que tropas del Ejército dominicano custodien personal, provisiones e instalaciones que se envían a Haití desde República Dominicana, a los fines de evitar que se repitan acciones vandálicas como la perpetrada contra ese camión del Plan Social.
Hospitales abarrotados
El mejor ejemplo de la acendrada vocación de solidaridad de los dominicanos lo encarnan los 56 médicos y los equipos de enfermeras, paramédicos y voluntarios que atiende sin descanso en el hospital General Melenciano, de Jimaní, a centenares de haitianos heridos a causa del terremoto que el martes destruyó a Puerto Príncipe. Esos profesionales de la salud y voluntarios, entre los que se incluyen 12 especialistas ortopedas, no han tenido un sólo minuto de respiro ante la avalancha de pacientes que ocupan toda la geografía del hospital, así como locales de iglesias y centros comunales. Convendría que la Secretaría de Salud Pública ordene rotación del personal que labora en ése y otros centros a donde acuden centenares de pacientes haitianos, porque esos médicos y enfermeras son humanos y requieren de algo de descanso. He ahí a dominicanos que enseñan al mundo el verdadero perfil de un gentilicio tantas veces vilipendiado.

