Las voladoras, carros públicos y los negocios informales de chucherías y comidas han convertido la periferia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), sobre todo la zona de la avenida Alma Máter con José Contreras, en un pandemonio. El entorno de una academia en la que se han construido majestuosas edificaciones, entre las que figuran torres administrativas, no puede estar más arrabalizado. En un codo de la Alma Máter opera una parada de autobuses, rodeada de diversos de negocios. El espectáculo es tan horroroso como peligroso para conductores y transeúntes. Los bocinazos, la temeridad de los conductores de voladoras y el tiempo que se pierde son infernales. Las autoridades tendrán que rescatar el área e imponer el orden. Los venduteros y los conductores se han expropiado de un espacio público, para colmo arrabalizándolo. El desorden, que siempre trata de justificarse bajo el alegato de que los protagonistas son padres de familias, es un desafío para las autoridades. Las entidades que tienen que ver con el tránsito y el ornato no se pueden andar con contemplaciones a la hora de actuar para recuperar y ordenar un área que diariamente es utilizada por cientos de estudiantes y conductores de vehículos privados.
Drogas al granel
Determinar cómo llega la droga al territorio parece que es tan complejo como el agua que entra al coco. Es que el caso se presta a interrogantes. ¿Cuántos extranjeros, con los dos españoles detenidos el domingo, han sido detenidos últimamente tratando de salir del país con drogas? Lo más probable es que la cuenta, por numerosa, se haya perdido. Demostrado está que la presencia de agentes antidrogas de Estados Unidos, radares, aviones, lanchas y demás no ha blindado la entrada de drogas al territorio. Los extranjeros, como el caso de los españoles Julián Bergara y Rachid Ikam, saben dónde abastecerse de cocaína e incluso se arriesgan a tratar de viajar con la sustancia. Pero no con uno o dos kilos o el estómago forrado, sino con 15 cada uno, que no es poca cosa. Las que desconocen los lugares son las autoridades. La Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) tendrá que buscar la forma de determinar la razón por la cual el territorio es tan vulnerable al narcotráfico.

