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El subsidio a la segunda línea del Metro ha devenido en otro de los obstáculos que, según los informes, ha complicado las negociaciones  con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En el Presupuesto para 2013 el Gobierno contemplaría 7,800 millones de pesos para subsidiar el servicio, lo que la misión del FMI habría considerado una exageración. Actualmente se destinan 3,800 millones de pesos. Los técnicos del organismo habrían sugerido elevar la tarifa por pasajero, que es de 20 pesos, para reducir un subsidio que, de acuerdo con los informes, consideran desproporcionado. Se estima que el Gobierno subvenciona no menos de 80 pesos por pasajero. A la misión habría llamado la atención que además del Metro el Gobierno subvenciona con unos tres millones de galones mensuales de gasoil. Sin embargo, en las discusiones las autoridades dominicanas se habrían comprometido a  eliminarlo a partir del año entrante. No se preveía que el Metro, que por falta de recursos no se sabe si la segunda línea sería inaugurada en diciembre, generaría dificultades en el diálogo con el FMI. El Gobierno parece en el dilema de acoger la revisión de la tarifa o apretar por otro lado para sortear el asfixiante déficit fiscal.

Difícil de entender

El economista Alejando Fernández dice no entender cómo se evitará que afecte a los pobres la reforma fiscal que se propone el Gobierno. Si eso es él, que es un experto en la materia, qué les dejan a los profanos como no sea incertidumbre. Por más que pueda maquillarse con supuestas dádivas sociales, la creación y aumento de los impuestos para incrementar las recaudaciones impactará en los más necesitados. A menos que el Gobierno se decante solo por la reducción del gasto burocrático, lo que resulta a todas luces una quimera. Tanto por la magnitud del déficit como por las necesidades de recursos que tienen las autoridades resulta prácticamente inevitable que las grandes mayorías sufran las consecuencias de la reforma. A pesar de que dijo no explicarse de qué manera se evitará afectar a los pobres, el economista prefiere esperar el proyecto. Pero en eso no está solo él, sino muchos otros sectores, con los pobres, que son los que siempre pagan los platos rotos, con los dedos cruzados.

El Nacional

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