Sería una irresponsabilidad de Ede-Este venir a lavarse las manos sobre el alto voltaje que el 23 de noviembre causó la muerte de los esposos Gabriel Arístides Herasme y Jennifer Rodríguez en su residencia de Los Mina. Sobre la tragedia, provocada por el desprendimiento de un cable de alta tensión que impactó en la residencia de la pareja, la firma, como si bastara, se ha limitado a explicaciones técnicas. Es hasta una burla al dolor limitarse a exponer sólo causa del deplorable suceso, sin asumir las responsabilidades que el caso amerita. Si la causa de la tragedia fue la ruptura de dos conductores de energía, empalmados hace más de 10 años, la responsabilidad en modo alguno fue de las víctimas, sino de la empresa que suministra el peligroso servicio. Los esposos Herasme-Rodríguez dormían en su residencia, la número 10 de la avenida Arzobispo Fernández de Navarrete, cuando fueron alcanzados por la descarga provocada por el cable que se desprendió del tendido eléctrico. Si la instalación era inadecuada, el problema es de las autoridades, pero jamás de las víctimas, a quienes tampoco competía determinar si la ubicación de la vivienda cumplía con la Ley General de Electricidad. Ede-Este no puede evadir su responsabilidad sobre la tragedia.
Detenido por crimen
Uno de los implicados en la muerte de un agrónomo ocurrida el jueves en Cristo Rey es un muchacho de 18 años. La edad de José Reyes Frías (Morenito) es la que promedia la mayoría de los involucrados en hechos sangrientos, asaltos y atracos. La detención del presunto homicida del agrónomo Enrique Elías Comprés Jorge, empleado del Ministerio de Agricultura, representa, por un lado, una nota de alivio, pero por el otro genera perturbación. Inquieta que jovencitos que probablemente no cursaron la primaria se hayan dejado ganar por la criminalidad y la delincuencia como medios de subsistencia. Reyes Frías admitió que intervino en la muerte del agrónomo, pero alega que fue su compañero Alex Polanco Peña quien hizo los disparos. Captar a los responsables del suceso era la misión de la Policía, pero desmontar esa atmósfera que involucra a jovencitos en la industria del crimen es tarea de las autoridades. Y en ese punto algo tiene que hacerse. Sin duda.

