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Obama

Aislado

Más que una derrota al primer ministro David Cameron, el rechazo del Parlamento británico a la propuesta de un ataque rápido a Siria ha sido un duro e inesperado revés  para el presidente Barack Obama, cuyo proyecto de bombardeo inminente contra Damasco pierde a  su principal aliado y condena  al aislamiento a la Casa Blanca.

El fiasco o la tomadura de pelo que resultó la invasión a Irak, cuyo motivo fue la falsa acusación de que Bagdad poseía armas de destrucción masiva hace difícil que la comunidad internacional crea  el argumento de  que es  urgente atacar a Siria porque su ejército emplea armas químicas contra la población.

Es tal  el nivel de incredulidad hacia la iniciativa guerrerista de Obama, que el mandatario se apresuró ayer a  instruir a su gabinete  para que presente  al Congreso de Estados Unidos las pruebas que dice tener sobre  alegado uso de gas letal en Siria. Resulta inexplicable el afán de Obama por  producir ese bombardeo antes de que la misión de inspectores de Naciones Unidas concluya  su investigación  en torno al uso de  armas químicas. Tal parece que  el presidente  Obama no contaba en sus planes con la impenitente presencia del fantasma de Saddam Hussein.

Buena medida

 Se  asume como nota gratificante la exoneración de 94 millones de pesos que adeudaban  unos ocho mil pacientes atendidos en el hospital traumatológico Ney Arias Lora por  diversas dolencias, porque  significa  el cese de un dolor de cabeza que  sufrían esas familias  al procurar recursos para  conjurar esos créditos. Lo mejor ha sido  la decisión de las autoridades de ese hospital de  desmontar el cobro a pacientes ingresados a  sus emergencias y de los que acuden a consulta externa sin carné de alguna aseguradora.

Es importante que  el presidente Danilo Medina y el ministro de Salud, doctor Freddy Hidalgo, entiendan que los recursos dejados de percibir por el hospital como resultado de esa oportuna exoneración  y de la liberación de pagos a otros pacientes, deben ser suplidos por el Gobierno central, porque no sólo de ruegos a María viven los hospitales.

El Nacional

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