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El presidente de la Junta Central Electoral (JCE), Roberto Rosario, quiso capitalizar la primera boda no católica, pero le ha ocurrido como a todo el que va por lana. Los palitos de la comunidad evangélica no se han hecho esperar contra el mediático matrimonio oficiado en la sede de la JCE con la bendición de su presidente.

Líderes evangélicos calificaron de irrespetuosa, atropellante e indelicada la ceremonia religiosa. Las críticas se han sucedido en cascada contra el certamen, pero principalmente contra el presidente de la JCE.

El reverendo Elvis Samuel Medina, supervisor del Concilio Iglesia de Dios, acusó a Rosario de actuar en forma arbitraria contra las principales sectas y ministros que impulsaron el proyecto de ley en el Congreso. En tanto que el presidente del Ministerio Jesús es Sanidad y Vida Eterna, Domingo Paulino, dijo que el presidente de la JCE trató con el oficio de arrogarse méritos que no le corresponden.

Los dardos son el resultado del protagonismo mediático en que es obvio que incurrió Rosario al patrocinar una boda que compete a la comunidad evangélica. De haber guardado las formas se habría evitado la andanada y la ira de los evangélicos con una ceremonia impropia de sus atribuciones.

El Nacional

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