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Convertir a las Fuerzas Armadas en un Ministerio de Defensa, que puede ser dirigido por civil, no constituye ningún síntoma de perturbación. Después de todo, en países tan cercanos como España y Colombia los militares no sólo han sido dirigidos por civiles, sino por mujeres. Y para más, políticas.

Pero en el caso de República Dominicana, tiene que hacerse una salvedad: las instituciones no son lo suficientemente sólidas como para que un civil,  y a la vez político, dirija un ministerio como el de Defensa. 

Y por tanto no se puede partir a la ligera. Podría argüirse que un civil desempeña el Ministerio de Interior, del cual depende la Policía. Pero hasta los chinos de Bonao saben que la relación es solo en apariencia o en teoría, puesto que la Policía opera como un ente independiente y autónomo.

Con tanta subordinación al poder político, en detrimento de un sistema institucional, por demás endeble, la idea de que un civil dirija el Ministerio de Defensa tiene que sopesarse. Aunque lo más factible por lo menos en ese aspecto sería esperar a que se den las condiciones. Si existe alguna prisa con la reforma, debe ser para sanear los institutos armados, a fin de que jueguen su papel como salvaguarda de la soberanía.

 

El Nacional

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