Las diferencias que han surgido en torno al papel de las potencias en Haití no contribuyen ni siquiera a mitigar las necesidades de la población y menos al proceso de recuperación que urge la golpeada nación. Tampoco ayudan opiniones como las expresadas por el presidente venezolano Hugo Chávez sobre la labor que ha asumido Estados Unidos para facilitar las operaciones. A una semana del terremoto que devastó Puerto Príncipe se ha evidenciado que tanto la seguridad que defiende Washington como la asistencia de la Unión Europea son esenciales para acelerar el proceso de recuperación. Ponerse a discutir estrategias o a recelar de acciones no es lo más aconsejable frente al drama que sufren los haitianos. Haití no tiene ni siquiera un gobierno que pueda controlar la situación en que lo ha dejado el terremoto del martes 12. Los brotes de violencia y el caos que han seguido a la devastación indican que la seguridad que ha asumido Estados Unidos era necesaria para organizar la distribución de las ayudas humanitarias. Pero el proceso no puede convertirse en fuente de conflictos por diferencias o rivalidades políticas. Cualquier intento por capitalizar un drama de sufrimiento, dolor y desesperación debe ser censurado con acritud.
Sensata decisión
Es muy sensata la decisión del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) de entregar al Gobierno la ayuda internacional que capte para los damnificados en Haití. De esa forma se evita, además de la dispersión que se ha sentido en la distribución, que se hable de proselitismo político. Al dar la información la señora Peggy Cabral dijo que la comisión del PRD para recibir y canalizar la ayuda de entidades como la Internacional Socialista está integrada por los senadores Andrés Bautista García, Mario Torres y Jesús Vásquez. La verdad es que el Gobierno cuenta con una estructura conformada por varias instituciones para coordinar y canalizar la asistencia a las víctimas del terremoto en Haití. El gesto del PRD debe ser imitado por todas las fuerzas políticas para facilitar el proceso y evitar protagonismo con el dolor humano. El momento es para ayudar a personas necesitadas, sin celos ni banderías políticas. Y si la logística la tiene el Gobierno entonces esa ayuda debe canalizarse por esa vía.

