Costos
Plantas carbón
Ha trascendido que la cotización de las empresas licitantes para la construcción de las plantas a carbón es tan variada, que podría traer más ruido que la evaluación técnica. El consorcio Odebrecht-Tecnimont, que fue el ganador del concurso, habría cotizado unos 2,200 millones de dólares por dos plantas de 360 megas cada una, que es más o menos la media internacional.
Pero se ha sabido que otras firmas concursantes habrían ofertado alrededor de 1,500 millones por las dos generadoras de 300 megavatios cada una. La variación, dentro o fuera del principio de realidad, puede crear confusión, sobre todo después de las versiones que señalaban al consorcio ganador como favorito en la licitación.
De no estar manipulada la relación sobre los costos de plantas a carbón que se han construido en los últimos años en diferentes países puede ser un buen referente para que la opinión pública se edifique en torno a las obras. Lo de que las plantas contribuirán a reducir los subsidios y a aumentar la generación de electricidad no es ya lo que está en juego. Lo que ahora importa es que el costo de construcción se corresponda tanto con la realidad del mercado como con los detalles técnicos. Es bien sabido que en los costos intervienen muchos elementos, incluida la demagogia.
Jesuitas indignados
El comunicado de los jesuitas de América Latina y el Caribe contra la sentencia del Tribunal Constitucional merece, por la influencia que tienen los religiosos en las comunidades sociales y religiosas, que se le preste atención antes de descalificarlo con el simple argumento de que es parte de la campaña de descrédito contra República Dominicana. La percepción que ha dejado el fallo, sin que nadie se llame a engaño, es que cuatro generaciones de personas que han estado registradas como dominicanas durante los últimos 80 años perderían su nacionalidad. En su documento de protesta los religiosos observan que los afectados nacieron en República Dominicana y que poseen un acta de nacimiento reconocida legalmente por el Gobierno dominicano, pero que tras la sentencia quedarán en condición de apátridas. La respuesta no está en reivindicar soberanía, sino en calibrar el alcance del fallo en expresiones como la de los jesuitas de América y el Caribe.
