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Para reflexionar

Sasha y Malia se preparan un “hot dog”, mientras sus padres, Barack y Michelle Obama, sentados a su lado, están atentos a un partido de baloncesto disputado en la ciudad hawaiana de Oahu entre los equipos de las universidades de Oregon y Akron. Los Obama siempre han hecho gala de sencillez, pero las vestimentas con que fueron fotografiados son tan normales que no dejan de constituir una lección contra la vanidad y el boato, así como la mejor invitación a reflexionar sobre el ejercicio del poder.

Por sabido no deja de venir al caso que esa familia, que simplemente disfruta de sus vacaciones navideñas y que, como tiene que ser, está acompañada de agentes de seguridad, representa a la nación más poderosa del planeta.

Es verdad que en Estados Unidos sus gobernantes no son dioses, pero en la imagen captada por las agencias de prensa y no distribuida por la Casa Blanca, Obama envía uno de los mensajes más sensibles tanto a quienes detentan el poder como a la clase política en sentido general. En víspera de un nuevo año, el presidente de Estados Unidos, que si bien en lo personal y familiar se ha caracterizado por el respeto y la humildad, enseña que el poder no lo ha transformado ni a él ni a los suyos en un ser humano especial. Es una de las muchas lecturas.

El Nacional

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