Más la cortesía que los buenos deseos parece haber primado en la decisión de Haití de aceptar un contigente militar de República Dominicana para cumplir con labores de seguridad en la diezmada nación. El presidente Leonel Fernández había ofrecido 800 militares para reforzar la Misión de las Naciones Ubidas para la Estabilidad de Haití (Minustah), pero René Préval sólo aceptó 150, específicamente para patrullar el corredor humanitario Jimaní-Puerto Príncipe. Después de anunciarse que Haití no quería militares dominicanos en la Minustah, la decisión de Préval parece, a todas luces, diplomática. Un rechazo definitivo sería un desaire frente a un Gobierno y a un pueblo que desde las devastaciones del terremoto del martes 12 se han desvivido en asistencia y solidaridad con las víctimas del fenómeno. Todavía hay muchos resquemores que no acaban de ser superados en las relaciones entre los dos países. Esos recelos fueron invocados como la causa principal por los sectores que objetaron la propuesta a Haití del presidente Fernández. El propio Préval ha planteado que es tiempo de superar las diferencias del pasado y propiciar unas relaciones más armónicas entre los dos países.
Opinión ponderada
La Secretaría de Salud Pública se ha movilizado con asistencia y medidas saludables en la zona fronteriza frente a la desgracia que sufre el pueblo haitiano. Sin embargo, observaciones como las del doctor Bernardo Defilló en torno a posibles contagios deben tomarse en cuenta para complementar las medidas preventivas. Defilló advirtió que en la frontera podrían aparecer infecciones derivadas de las condiciones sanitarias en que está Haití desde antes y después del terremoto. Se trata de una observación de un profesional calificado, quien por demás se ha distinguido por sus aportes y cooperación con el país. Que el titular de Salud Pública, doctor Bautista Rojas Gómez, se haya movilizado con el equipamiento de hospitales de la zona y rápidas jornadas de vacunación no quita que pueda ampliarse el marco para evitar que esta parte pueda ser víctima de brotes epidémicos. Al menos en cuanto a la salud se tiene que estar vigilante, sin levantar la guardia, las 24 horas del día.

