Contra Martelly
La más reciente movilización contra el presidente Michel Martelly no fue una simple protesta. Fue una masiva demostración de la insatisfacción del pueblo haitiano con su gestión de Gobierno.
Una lectura equivocada sería un craso error. Además de exigir la renuncia tanto de Martelly como del primer ministro Laurent Lamonthe los haitianos concuerdan con la comunidad internacional en que se deben convocar a elecciones legislativas y municipales este año.
Pese a las presiones, incluso de las grandes potencias, que han amenazado hasta con suspender la cooperación, el presidente Martelly ha hecho caso omiso. La estruendosa manifestación del jueves, encabezada por líderes de la oposición, fue disuelta después de recorrer varias calles.
“Queremos elecciones, pero exigimos primero la salida del presidente Martelly y del primer ministro Laurent Lamothe. El pueblo no confía en estos dirigentes para organizar elecciones honestas”, proclamaron los manifestantes, quienes reclamaron a Estados Unidos, Francia y Canadá que ayuden a los haitianos a liberarse de los dirigentes en el poder. Martelly tendrá que prestar atención a un descontento que refleja el mismo sentir de las grandes potencias. Al menos en cuanto a las elecciones, todavía previstas para fin de año.
Saña en crímenes
La saña en crímenes, un estilo que se tenía como propio del narcotráfico y el bajo mundo, cobra dimensión en medio de la encrespada ola de violencia que arropa el territorio. Desde hace tiempo proliferan crímenes cometidos con inaudita vesania. El caso de la muchacha de 18 años, muerta tiros por desconocidos que después incendiaron su cadáver, da cuenta de esa saña que impregna la criminalidad. Carmen Rosa Brioso residía en la calle Enrique Jiménez Moya, número 2, del sector Caonabo, de Padre las Casas.
Todavía los autores materiales sean capturados la modalidad del siniestro suceso plantea una interrogante que las autoridades tienen que estudiar con mucha mesura. La criminalidad es un hecho. Lo adicional es el odio que impregnan muertes como la de la jovencita. Es difícil encontrar respuesta a muertes tan horrorosas de personas indefensas. Y conste que no es el primer caso. Si se trata de una cepa que crece en la sociedad, las autoridades tendrán que darse prisa para combatirla a tiempo.

