Traje a la medida
El exsenador Aníbal García Duvergé no es solo secretario de organización del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), sino un dirigente que se ha mantenido leal a su presidente Miguel Vargas Maldonado. Si propone suspender la convención y pactar los cargos entre los seguidores tanto de Vargas Maldonado como de Hipólito Mejía y Luis Abinader, algo que por demás no debería darse en un partido democrático, es porque tiene sus aprensiones sobre la celebración del evento. El presidente del PRD no ha tardado en rechazar la propuesta y de paso adelantar que el padrón está compuesto por más de 53 mil personas. Si es así, antes que una convención pudiera hablarse de un traje a la medida, porque el padrón del PRD, aún con las deserciones y expulsiones, siempre ha estado por encima del millón de inscritos. Y confirma la denuncia de la ex vicepresidenta de la República, Milagros Ortiz, de que para la convención ha sido excluido más de un millón de militantes. García Duvergé está seguro de que en las condiciones actuales los resultados de la convención provocarían la división definitiva del PRD, por lo que propone que también los candidatos para los comicios congresuales y municipales sean pactados entre los líderes de la organización. Sin embargo, su todavía líder no está en eso, sino en afianzar su hegemonía.
Avanzan rebeldes
El Ejército de Irak ha proclamado la recuperación de una ciudad que habían conquistado los rebeldes yihadistas, matando a 21 de estos y destruyendo cuatro de sus vehículos en una operación especial. Sin embargo, corresponsales de las agencias de prensa que cubren los acontecimientos afirman que los insurgentes no solo están cada vez más cerca de la capital, Bagdad, sino que en las últimas horas se apoderaron de otros tres pueblos. Las atrocidades que caracterizan las confrontaciones, con ejecuciones de soldados, civiles y yihadistas, disparan las alarmas sobre la necesidad de un plan urgente de las grandes potencias para detener el holocausto. La caída del Gobierno de Irak no garantiza la paz ni la seguridad, sino que abriría las puertas a un régimen de terror, con paredones de la muerte. Aunque cueste admitirlo, todo lo que ocurre en Irak es resultado de la invasión de Estados Unidos, a nombre de una mentira, para desalojar del poder y ejecutar al dictador Saddam Hussein.

