Página Dos

RADAR

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El viernes en la mañana, los periodistas que cubren la fuente del Palacio Nacional  andaban como locos detrás del paradero del presidente Danilo Medina, quien  varió su rutina de llegar entre 7:30 a 8:00 de la mañana a la sede del Gobierno, donde arribó cerca de la una de la tarde. Durante esas  cinco horas de virtual ausencia del Presidente a ojos  de los reporteros, se desató un avispero en las redacciones de periódicos y en las redes sociales, donde se  consignaban las más diversas especulaciones, incluida la de que el mandatario  habría  visitado algún camposanto como motivo  del Día de los Fieles Difuntos. Todavía ayer, la oficina de Prensa del Palacio no ofreció ninguna versión sobre la tarea que cumplió el presidente durante ese espacio de tiempo que fue casi una eternidad para los periodistas. De ese corre corre debería extraerse la experiencia de que la prensa no debe perder ni pie ni pisada al mandatario, no al menos  en horas laborables, porque es obligación de los reporteros asignados a esa responsabilidad saber qué hace o que no hace el jefe de Estado, en cada minuto, aun del tiempo que emplea para  ir a la barbería. No culpen  al Presidente por no  informar previamente  dónde estaría, cúlpense propios periodistas  por no saberlo.

Nueva York no duerme

Por la cabeza de ningún residente en Nueva York pasaría la idea de que  hoy estarían  formando largas filas para  conseguir  gasolina, en medio de una ciudad matizada por el caos y la carencia de servicios básicos, tras el paso del huracán Sandy. Sin que  se haya perpetrado  algún  acto de terrorismo similar a los del 11 de septiembre de 2001, ni  una tercera Guerra Mundial, los neoyorquinos sufren prolongados apagones,  escasez de transporte público, de agua potable y de combustibles. Los hoteles  de la Gran Manzana están abarrotados de  familias que no han podido retornar a sus hogares o de funcionarios que las empresas prefieren tenerlos cerca  ante la imposibilidad de  con normalidad hasta las afueras de la ciudad, donde residen. Tampoco ha sido frecuente que un ciclón caribeño ingrese a la zona de Nueva York y Nueva Jersey convertido en un “súper huracán”. Se diría que esos son eventos que  anuncian el fin de los  siglos.

El Nacional

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