Derecho a saber
El presidente de la Junta Central Electoral (JCE), Roberto Rosario, ha reiterado que el presupuesto asignado a ese organismo en un año preelectoral no es suficiente para organizar unos comicios de calidad, que por lo menos garanticen la más amplia participación.
El caso del tribunal, que en 2015 contará con una asignación de 3,150 millones de pesos, entre los que figuran los fondos para los partidos políticos, merece que se dilucide con la mayor responsabilidad. La Presidencia de la República, el ministro de Economía o la Contraloría General deben explicar cuál es el problema con la JCE, cuyas funciones son operativas. Si por alguna razón se entiende que no merece más recursos, tiene que decirse. Rosario alega que los fondos que se le han asignado no alcanzan para habilitar nuevas oficinas en el exterior, pero tampoco para garantizar el escrutinio y la transmisión de los resultados electorales.
La advertencia crea muchas interrogantes, que no se responden con el silencio. La tradición de asignaciones extraordinarias en la medida de las necesidades tiene, por funesta, que extinguirse. Los partidos políticos han debido movilizarse para despejar el velo de misterio y se transparente la situación financiera de la JCE.
Suceso perturba
Muertes a tiros como la de un teniente en el Palacio de Justicia de San Francisco de Macorís cuando custodiaba a un recluso no dejan de angustiar a la población, por más curada de espanto que esté. Que se protagonicen balaceras como la que causó la muerte a Víctor Mejía, del Ejército, representa otro toque de sirena sobre una criminalidad que no repara en la ley y el orden, y para la que no cuentan más que sus acciones. Se baraja la hipótesis de que el blanco de los disparos era el recluso Francisco Hidalgo Acosta (El Cuervo), quien era custodiado por el oficial del Ejército.
Hidalgo Acosta es un exagente de la Policía a quien se sindica como sicario y entre cuyas víctimas figura el exdirigente de izquierda Rafael Conrado Badía, ocurrida en febrero de este año. Los desconocidos abrieron fuego y después escaparon en las motocicletas. Sean cuales fueren las razones, el suceso ha horrorizado a la población por todas las interrogantes que plantea en materia de seguridad y orden.

