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Radar

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En tapones

Sello Amet

 

Los tapones infernales, no aptos para cardíacos, han vuelto a convertirse en el pan nuestro de cada día. En otros tiempos el pandemonio lo causaban las interrupciones en el servicio eléctrico, pero hoy, como si fuera adrede, son los agentes de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet). Basta y sobra con que un agente se instale en una intersección para que los tapones, acompañados de los bocinazos, se hagan kilométricos y ensordecedores, tanto en las avenidas principales como en todas las calles a la redonda.

Los conductores no acaban de entender la razón por la cual los agentes tienen que suplantar a los semáforos cuando en lugar de agilizar el tráfico no hacen más que empeorarlo.

Mientras hasta cuatro agentes se instalan en una intersección, los carros del concho y las voladoras se detienen hasta en medio de las calles a tomar y dejar pasajeros, en una de las muchas violaciones en que incurren, como si gozaran de alguna licencia para hacer y deshacer. Los insultos llueven contra los agentes, quienes también suelen hacer gala de prepotencia.

Si no se trata de una acción deliberada se espera que las autoridades entiendan que la sustitución de los semáforos no es una ayuda ni solución al problema del tráfico y que los tapones provocados por los agentes constituyen un atropello material y psicológico contra la ciudadanía.

El Nacional

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