Para sobrevivir
El presidente de Haití, Michel Martelly, acaba de dar otro paso que confirma que está dispuesto a mover todas las piezas que sean necesarias para recomponer el tablero político y evitar su caída del poder. Por recomendación de una comisión que había designado sacrificó, al pedirle la renuncia, a su leal primer ministro Laurent Lamothe. Pero no hizo lo mismo con los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, cuya renuncia también había sido recomendada por la comisión, así como la del titular del Consejo del Poder Judicial y de los jueces electorales. En su lugar ha optado por negociar, primero con la designación como primer ministro de Evans Paul, antiguo alcalde de Puerto Príncipe y cercano al expresidente y líder opositor Jean Bertrand Aristide. Como parte de sus maniobras para sobrevivir, el mandatario ha suscrito un acuerdo con los titulares del Parlamento para ampliar su mandato, que cesa el 12 de enero, y de esa manera evitar un vacío de poder. Pero como se tiene que aplacar a la comunidad internacional, el pacto consigna con la convocatoria de elecciones en los primeros tres meses de este año. Aunque no las tenga todas consigo, las maniobras de Martelly, cuya salida del poder es solicitada por amplios sectores, son muy evidentes.
2015 llega con tasa 0
Este año ha llegado con la desgravación de los aranceles a las importaciones en virtud del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica (DR-Cafta). A diferencia de la firma del convenio comercial, la tasa 0 a las mercancías procedentes de los países signatarios no ha creado mayores expectativas. Pudiera aducirse que son solo unos cuantos, pero aun así el caso no es para la indiferencia que se ha observado en la población. En adición al comportamiento de los precios, tal vez también haya que preguntarse sobre el impacto en la producción que tendrá la desgravación de los aranceles. Si bien las autoridades aducen que están preparadas para sortear la reducción de las recaudaciones por ese concepto, en algunos sectores no se observa la misma actitud para competir en base al nuevo modelo. Los costos de producción –y no precisamente por el problema eléctrico- son más elevados por aquí que en Centroamérica y Estados Unidos. Las interrogantes, pues, son obvias.

