Página Dos

RADAR

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El asunto no es cuestionar la potestad que se ha atribuido Estados Unidos para enjuiciar Estados por tráfico de drogas, humano o violación de los derechos humanos. Porque no se puede negar que  calles de ciudades como Santo Domingo y Santiago están  repletas de niños haitianos que según denuncias que datan desde hace tiempo son parte de un censurable tráfico humano que no ha sido afrontado. El exceso en que pudiera haber incurrido el Departamento de Estado al advertir sobre sanciones por el tráfico de niños no rebaja la dimensión de un problema que está a la vista, que puede verificarse en cualquier esquina. Estados Unidos ha dado un plazo hasta junio de este año para que se detenga y someta a los traficantes de niños, así como a los funcionarios que estarían implicados en la práctica. El malestar expuesto por el encargado de monitorear el contrabando humano del Departamento de Estado, Luis CdeBaca, sugiere que Washington tiene pistas concretas que aparentemente han sido ignoradas por las autoridades dominicanas. Pero al margen del conflicto, lo cierto es que se tiene que actuar frente al dramático caso de niños sin papeles que se supone no llegan solos a las esquinas a ejercer la mendicidad.

Droga en abundancia

Los decomisos de cocaína de que ha dado cuenta la Dirección Nacional deCControl de Drogas (DNCD) indican que la sustancia abunda en el territorio. Como si nada, sólo en las últimas horas fueron confiscados en el aeropuerto Las Américas 69 kilos hallados en dos maletas dentro de un avión de Air Europa que volaría a España. Pero en la terminal de La Romana fueron decomisados 10.5 kilos de cocaína que   dos cubanos intentaban transportar a Canadá. Los cubanos, identificados como Yasmani Franqui Ruiz, de 45 años, y Lisbet Cruz Domínguez, de 25, llevaban la droga adherida a sus cuerpos. Los dos casos indican la facilidad con que nacionales y extranjeros se abastecen aquí de  cocaína. E incluso deja mucho que desear la aparente osadía, como si las mulas o traficantes fueran unos suicidas, de sacar la sustancia  por terminales aéreas, prácticamente por las narices de las autoridades.  Hay razones para alamarse por la incidencia que evidencia el narcotráfico.

El Nacional

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