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Las maniobras que han salido a relucir sobre el colapso del Banco Peravia comprometen todavía más a las autoridades. El expediente dice que el fraude, que se cometió en las propias narices de quienes tenían que velar por la salud del sistema financiero, fue planificado y ejecutado por José Luis Santoro, Gabriel Jiménez Aray y Daniel Morales Santoro, quienes, a pesar de las querellas presentadas por accionistas, lograron salir del país. Ahora la fiscal del Distrito Nacional, Yeni Berenice Reynoso, ha decidido previsiones para evitar que cualquiera de los demás implicados en el caso les sigan los pasos.

Entre las operaciones fraudulentas se citan robo de identidad, préstamos a directivos y vinculados sin garantías a través de terceros y otras maniobras que se supone debieron llamar la atención de las autoridades.

De haberse actuado desde que se presentaron las primeras querellas, tal vez el banco ni siquiera hubiera colapsado y mucho menos sus principales ejecutivos tomar la de Villadiego. Si el caso se investigara hasta las últimas consecuencias pudieran aclararse muchas cosas. Y la verdad es que si el escándalo no ha tenido mayor impacto, sin importar el tamaño de la entidad, ha sido por la devolución de los depósitos a los ahorristas.

El Nacional

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