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En Brasil

Arde rancho

 

Los escándalos de corrupción barrieron con el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina. En Brasil, a tres años para concluir su mandato, con una economía en recesión y unos niveles de popularidad que rondan el 8%, las perspectivas de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, son un enigma. Más después que el procurador general, Rodrigo Janot, solicitó que se investiguen las campañas electorales tanto de Dilma como de su predecesor Lula da Silva.

En medio de esa marea, el vicepresidente Michel Temer no se hace la menor ilusión de que la mandataria pueda llegar hasta 2018. Temer, un empresario que ha jurado lealtad a Dilma, reconoció que será difícil que esta pueda resistir la presión de la calle si sus niveles de aceptación y la economía no mejoran considerablemente.

El escándalo de corrupción en Petrobras, que ha sido uno de los males con que ha tenido que lidiar la mandataria, es de mucho más dimensión que los delitos que culminaron con la renuncia y prisión del presidente de Guatemala.

Si bien Rousseff no ha sido imputada e incluso ha colaborado en la persecución contra la corrupción, los destellos han salpicado su entorno. La petición para que se investiguen sus campañas complica más el panorama.

El Nacional

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