Conjeturas
Recientes robos por millones de pesos detectados en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) plantean muchas conjeturas en torno a la casa de estudios. Con el escándalo sobre los paneles solares sustraídos de los laboratorios de la Facultad de Agronomía y Veterinaria no se sabe si los robos eran una práctica normal o si forman parte de algún plan para enturbiar la gestión del doctor Franklin García Fermín. Porque no acababa de tomar posesión cuando se detectó la sustracción de varias obras de arte donadas por la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado a la remodelada Facultad de Economía y Ciencias Sociales. Aunque las obras fueron recuperadas y los sospechosos cancelados, el vandalismo no se ha parado. Por eso hay quienes piensan que robos como el de los paneles valorados en 14 millones de pesos no sólo se inscriben dentro de una tradición que ha primado en la UASD, sino que también puede tener la finalidad de hacer daño a las actuales autoridades.
Violencia espantosa
Crímenes tan espantosos como el de la joven que fue acribillada a balazos por desconocidos el miércoles en Higüey aterrorizan todavía más a la población sobre la ola de violencia que la azota.
Si es espantosa la saña con que fue asesinada Sanyi Areché Castillo, de 28 años de edad, la forma en que ocurrió el suceso deja un terrible sabor amargo en la opinión pública.
La muchacha se dirigía en una yipeta a su residencia de la avenida Independencia, número 8, del sector Sajul, cuando fue interceptada por dos hombres que se desplazaban en una motocicleta.
Aunque había sido alcanzada por varios disparos, que hicieron que la joven perdiera el control del vehículo, estrellándose contra una casa, los homicidas la remataron con otros tiros de gracia.
Crímenes con tanta inquina dan siempre lugar al más amplio abanico de especulaciones. Pero en el caso no es el sello que pueda tener sino la acción.
Deja mucho que desear la seguridad de la ciudadanía cuando por cualesquiera fueran las razones se cometen, con la convicción de que no serán aclarados, crímenes tan espantosos.
En la muerte de la joven Areché Castillo tiene la Policía un reto del que está obligada a salir airosa, porque el caso, por más desbordante que sea la violencia callejera, es demasiado alarmante para que quede impune.

