El sistema de Ventanilla Única de Inversión (VUI), inaugurado por el presidente Danilo Medina, puede representar un gran salto adelante en los afanes del Gobierno y del sector productivo por aumentar la inversión extranjera directa, atascada por una crónica burocracia que camina de mano con la corruptela, lo que aleja a inversionistas como Diablo a la cruz. Mediante decreto, el residente Medina también declaró de interés nacional el fomento a la inversión, aumento de flujos de inversión y mejoramiento del clima de negocios, lo que supone una firme voluntad política para atraer capitales y promover la inversión privada local.
Ojalá que esta iniciativa tenga mejor suerte que la ventanilla única para promover exportaciones, que al parecer nació sin pies ni manos, pues se confrontan las mismas dificultades para concluir una gestión para colocar productos en el exterior, en términos de burocracia y lentitud en la entrega o gestión de documentos.
Por su ventaja competitiva en términos de cercanía, al mega mercado de Estados Unidos y porque forma parte de los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y Centroamérica, así como su asociación comercial con Europa, República Dominicana constituye un destino promisorio para la inversión extranjera. Sólo se requiere que funcione de verdad esa ventanilla única.

