Olimpiadas de Río
A ley de horas
Las expectativas de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que se inaugurarán el próximo viernes, tienen muy poco o casi nada que ver con el medallero. El récord que marcaría el jamaicano Usain Bolt al buscar su tercera medalla de oro consecutiva en olimpíadas mundiales es irrelevante para al orden y la seguridad sobre la celebración del evento que congrega a más de 10 mil atletas.
La crisis política de Brasil y la siempre latente posibilidad de un atentado laterán como telón de fondo de la celebración que también ha tenido en la suspensión por dopaje de atletas de Rusia otro elemento de controversia. Es obvio que el desarrollo de las competencias impactará en la política brasileña, que sería iluso pensar que podría ser aparcada hasta el 21 que concluya el certamen.
A pesar de la militarización de la ciudad para prevenir desórdenes o atentados los partidarios y opositores de la suspendida presidenta Dilma Rousseff tomaron las calles.
Para el presidente Michel Temer las competencias podrían constituir un importante espaldarazo, toda vez que contarán con la presencia de mandatarios como el presidente de Argentina, Mauricio Macri, y del secretario norteamericano de Estado, John Kerry. Por ahora se piensa más en el cuadro político que en las medallas.

