El sector empresarial disiente del alza general de salarios que ha planteado el Ministerio de Trabajo. Considera que un aumento en los términos en que se ha propuesto provocaría fuga de capitales, por lo que estima que la decisión debe ser resultado de los mercados competitivos. El aumento de sueldo pinta una confrontación entre el sector empresarial y el Gobierno. En una economía que creció un 7.8 por ciento, por encima de la media de la región, el alza de sueldo debería venir por gravedad, sin necesidad de reclamo alguno. Pero la realidad es que muchas empresas no están en condiciones de realizar un reajuste de sueldo en los términos, con su buena dosis de populismo, que se ha planteado desde el Gobierno. Hay empresarios que favorecen el aumento general de salarios, pero en la medida en que las firmas no sufran el impacto negativo del cierre. Porque la verdad es que hay firmas que no están en condiciones de hacer el aumento sin exponerse a cesar sus operaciones o tener que reajustar la nómina. La sensatez será necesaria en el debate que desde ya comienza a cobrar calor en torno al aumento salarial. Es verdad que los trabajadores urgen de un reajuste, pero tampoco se puede exponer una empresa a lo que no puede.
Pesquisa escabrosa
El giro que ha tomado la investigación sobre el asesinato de un coronel de la Policía en Los Alcarrizos se presta a muchas interrogantes. Con la seguridad de que la muerte de Virgilio Casilla Minaya estaba relacionada con decisiones que había tomado, la Policía, tras definirlo como un hombre humilde y sin recursos, había informado que varios agentes eran investigados sobre el crimen. Para reforzar la versión policial la esposa declaró que el oficial había sido entregado a sus victimarios por agentes del cuerpo. Pero ahora resulta que Casilla Minaya, quien para mejorar sus ingresos impartía docencia a domicilio, fue asesinado durante un asalto para despojarlo de una cadena. Con el nivel alcanzado por la delincuencia ninguna versión se puede descartar. Pero las dos versiones de la Policía son tan contradictorias que se prestan a suspicacias. Amén de lo mucho que cuesta aceptar que un coronel de la Policía puede ser asaltado por cuatro personas para quitarle una cadenita.

