Los acontecimientos que convulsionan a Egipto transcurren tan rápidamente que el desenlace a la grave crisis política ocurriría en cualquier momento, dado que la promesa del presidente Hosni Mubarak, de promover reformas democráticas y reemplazar a su gabinete no detuvieron las extensas e intensas movilizaciones en reclamo de su renuncia, que han dejado saldo de al menos 34 muertos. El presidente Barack Obama, instó a Mubarak a promover reformas y a no reprimir a la población, en lo que se entiende como un prudente distanciamiento de Washington con su mejor aliado en el mundo árabe. Hasta el sábado, el gobierno de Israel no se había pronunciado en torno a la crisis egipcia, cuyo curso y conclusión determinará el desenlace de la crisis mayor en Oriente Medio. Mubarak, quien lleva tres décadas en el poder, no encuentra fórmula para aplacar las manifestaciones contra su gobierno que se extienden por todo el país y que son cada vez más violentas. Esa crisis debe ser monitoreada minuto a minuto.
El caso de Licey
Con el traslado de la dotación policial completa y la promesa de que esa institución garantizará orden y sosiego, la comunidad de Licey al Medio puede desistir del propósito de armarse hasta los dientes para enfrentar por su cuenta a la creciente delincuencia. El jefe de la Dirección Regional Cibao Central de la Policía, general Juan de la Cruz Martínez, ha prometido a las asociaciones de productores de Licey, aumentar el número de agentes y unidades patrulleras para prevenir la comisión de crímenes y delitos en el municipio. Ante el reemplazo de la dotación policial y la promesa de actuar con diligencia en el combate a la criminalidad, conviene ahora que las asociaciones comunitarias de ese progresista municipio coadyuven en tareas de prevención, pero nunca intenten suplantar a las instituciones que la ley encarga de perseguir, apresar y someter a la justicia a los delincuentes.

