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Intrigas

Reclamo cañeros

 

Antiguos trabajadores de la industria azucarera han reanudado su lucha, muy legítima por demás, en reclamo de una pensión a la que se supone tienen pleno de derecho.

Decenas de ancianos, que no se sabe cómo se desplazan ni soportan la infartante ola de calor, se instalan con sus pancartas en una explanada frente al Palacio Nacional para demandar que se reconozca a través de una retribución el tiempo que dedicaron a la producción azucarera.

Pero las movilizaciones, por el estado de salud y las condiciones económicas de los antiguos braceros, no dejan de plantear confusión. A pesar de carecer de recursos económicos para alimentarse y comprar los medicamentos para enfermedades como la presión arterial y la diabetes, no tienen problemas para participar en las vigilias y otras acciones en demanda de sus pensiones. Como se evidencia que personas u organizaciones patrocinan las manifestaciones, el propósito no deja de intrigar.

La precariedad física que evidencian los antiguos cañeros representa un riesgo para el trajín a que se les somete. Pero, al margen de cualquier interés, el Gobierno debe ponderar detenidamente el caso de los antiguos braceros, que más dramático no puede ser. Algunos están tan acabados que parecen despojos.

El Nacional

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