Diálogo bajo presión
En tanto aumentan las presiones internacionales contra el Gobierno de Venezuela, con más sanciones de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, el rayo luminoso que había asomado en el horizonte con la anunciada reapertura del diálogo a realizarse en este país, prácticamente se apagó ayer cuando la oposición dijo que las conversaciones quedan en suspenso.
Sorprendió en principio el cambio de actitud de la Mesa de la Unidad Democrática, que había advertido que no se sentaría a dialogar con el Gobierno hasta que se liberaran los presos políticos, se restituyeran las atribuciones del Parlamento y se cumpla con el plebiscito revocatorio.
Que fuera serio fue la única condición que puso esta vez para el diálogo, que se celebra aquí, pero se echó para atrás y ahora está en el limbo.
Tras los resultados de las elecciones en que el oficialismo ganó 18 de las 23 gobernaciones, las potencias dispusieron más sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro al asumir que los comicios fueron fraudulentos.
Por el mal sabor dejado por el proceso la oposición se había planteado boicotear las elecciones municipales convocadas para el 10 de diciembre. En medio de esa atmósfera las fuerzas opositoras decidieron reanudar el diálogo, tal vez en el entendido de que solo a través de esa vía se puede encontrar una salida a la crisis.
Al confirmar la reapertura del diálogo, el Gobierno, que ha resistido las presiones de la comunidad internacional, anunció que preparaba el documento conjunto para acuerdos en el marco de la convivencia entre los venezolanos. Pero ahora todo ha vuelto hacia atrás.

