A diálogo
Zancadilla
Por las acusaciones que ha formulado contra uno de los líderes opositores y su interés en dialogar con los representantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), tal parece que el presidente Nicolás Maduro busca abortar la ronda de negociaciones que celebran en República Dominicana.
No hay ninguna necesidad, como no sea la de minar el camino, de la descarga de Maduro contra el presidente del Parlamento, Julio Borges, a quien acusó de ser «parte de la supremacía racial, blanca y oligárquica» de Venezuela.
Aunque la próxima ronda de las conversaciones está pautada para el próximo día 15, Maduro se adelantó en invitar a los opositores a una reunión de trabajo en el Palacio de Miraflores para procurar un acuerdo rápido.
Tras otras condiciones que ha puesto, la actitud del mandatario resulta muy perturbadora. No con la prontitud que Maduro desea, pero las negociaciones en República Dominicana se han desarrollado con normalidad, contando con la mediación del presidente Danilo Medina y del expresidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero.
Si el mandatario venezolano desea que se mantengan las conversaciones, debería ahorrarse epítetos tan ofensivos como los formulados contra Borges y otros dirigentes.
Sabe mejor que nadie que Miraflores podrá ser el escenario más propicio para él, pero que para la oposición, con todo y lo fragmentada que está, no reúne las condiciones ni siquiera mínimas para abordar la superación de la crisis.

