Encrespada
Ola violencia
Los feminicidios, que tanta conmoción causan en la población, no acaban de detenerse. Y para colmo de males la violencia que estremece a la familia ha acusado de un tiempo a esta parte unos matices que parecen propios no solo de una ciudad crispada, sino perturbada.
¿Qué se puede decir del hombre que en Sabana Perdida mató a balazos a un hijo suyo de tres años y luego se suicidó de un balazo en la boca? O del caso ocurrido en Los Alcarrizos en que un hombre de 33 años mató con un pico a su padre, de 79, porque supuestamente se negaba a entregarle parte de una herencia.
En Bohechío, un hombre mató a machetazos un hermano cuando supuestamente trató de agredir a la madre de ambos. En el marco de una atmósfera sangrienta, Ana Hilda Santos, de 35 años, fue mortalmente herida de un balazo en su casa del barrio Duarte por su expareja Gregorio Martínez Cabrera.
Otro suceso que suena la alarma sobre la inseguridad y demanda la atención de las autoridades lo representa la muerte a cuchilladas de Francia Rodríguez, de 65 años, durante un asalto a su residencia del paraje Las Torres, de La Vega, en el que su esposo Virgilio Rodríguez, de 79 años, resultó herido
. Las acciones que se han tomado para prevenir los feminicidios y la violencia familiar y social pueden ser necesarias, pero casos como los ocurridos el fin de semana plantean una redefinición de los programas para garantizar la integridad física de la mujer y la seguridad ciudadana.
Más todavía si a la oleada se agregan casos tan espantosos como la violación y asesinato de la niña de 11 años Rosairy Maité Gil Rivera, en Higüey.

