El club deportivo y cultural La Fe no ha perdido las esperanzas de un polideportivo en el sector, pese a los 12 años que lleva reclamando la obra. El entusiasmo por dotar la zona de instalaciones para el desarrollo de la juventud es enaltecedor y contagioso. Pero la organización podría ver sus sueños frustrados cuando se inicie el desalojo del entorno del estadio Quisqueya para la construcción del censurado, por inoportuno e intrascedente, de cuatro torres de lujo, un proyecto habitacional, una plaza comercial y un museo del béisbol. En 12 años La Fe no ha podido conseguir que la Secretaría de Deportes levante un polideportivo, que cuesta centavos, pero el Banco Nacional de la Vivienda (BNV) sí ha podido diligenciar un préstamo por 80 millones de dólares con un banco portugués para las megaobras en la zona. A estas alturas el polideportivo parece cuesta arriba, aunque no se descarta que el secretario de Deportes, Felipe Payano, con tal de un figureo en la prensa, se retrate anunciando el útil proyecto. Pero a los directivos del club La Fe debe quedarles la satisfacción, aunque les dieran bola negra, de luchar durante 12 años por la construcción de una obra que beneficia a la juventud y a todo el sector.
Ni una ni la otra
Las autoridades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) deben buscar la forma de resolver la odisea de una estudiante haitiana a quien, tras el pago de 150 dólares, le entregaron el documento que no había solicitado. El problema es que ahora a Gabrielle Mota Rondón no le quieren devolver el dinero pero tampoco proporcionarle el documento que pidió para diligenciar una visa de estudiante en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Lo peor es que la Dirección de Bienestar Estudiantil, la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED) ni nadie parecen en capacidad de suministrarle la información que necesita. Ella se conformaría en última instancia con la devolución del dinero, pero en ese aspecto la burocracia universitaria es más lenta que el famoso suero de miel de abeja. Mientras, la estudiante haitiana sólo ha podido viajar con mucho trabajo a su país para saber de sus familiares tras el devastador terremoto del 12 de enero ni puede disponer del dinero invertido.

