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Los 20 pesos que se pagan en el Metro es una tarifa prácticamente simbólica frente al cuantioso sacrificio en que incurre el contribuyente. Pero es algo que alcanza aunque sea para cubrir parte de los cuantiosos gastos que supone su operación. La Oficina Para el Reordenamiento del Transporte (Opret) ha dado cuenta de que en tanto los gastos operativos ascienden a 25 millones de dólares por año, las recaudaciones por el servicio apenas totalizan 19.

Pese al déficit de seis millones de dólares, la Opret ha dispuesto que la segunda línea opere de manera gratuita desde su entrada en operación a mediados de diciembre hasta el fin de ese mes. Con los apuros económicos que ha declarado el Gobierno, el servicio gratuito de la segunda línea, que cubriría desde la avenida Luperón hasta la Máximo Gómez, parece una medida populista. Un caramelo para engatusar a la opinión pública.

El déficit sería todavía más alarmante y no se descarta que en algún momento se reivindique, de la misma manera que se ha hecho con los carburantes, como parte de un sacrificio, más político que social, en beneficio de la población. Basta recordar que la incorporación de la nueva línea  elevará a 134 millones de dólares los compromisos del Estado.

El Nacional

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