Accidentes moderación
A partir de hoy se agudiza la preocupación de las autoridades por el elevado número de decesos que pueden provocar durante la temporada navideña los accidentes de tránsito, intoxicaciones alimentarias y alcohólicas, y quemaduras por fuegos artificiales. El secretario de Salud Pública, Bautista Rojas Gómez, ha exhortado a la población a actuar con prudencia en la ingesta de comida y alcohol, y a los conductores a manejar con mesura. La verdad es que ante la actitud irresponsable que asume una parte de la población, Salud Pública prepara las emergencias de los hospitales de traumatología y de referencia para recibir los casos de accidentes automovilísticos o de intoxicación por borrachera o comilona, así como por las riñas que derivan de los tragos de más. Otra fuente de accidentes la constituyen los motociclistas que, además de no proveerse del correspondiente casco protector, conducen en estado de embriaguez. Además de los tradicionales consejos y exhortaciones, es bueno que se advierta a los insensatos que más de dos mil agentes de la Autoridad Metropolitana del Transporte estarán en las calles con instrucciones de incautar los vehículos guiados por borrachos. Moderación, plis.
Secuela traumática
¿Cuál será la suerte de la niña de siete años cuyos padres perecieron ayer en la mañana en Los Mameyes en circunstancias traumáticas? La inquietud en torno al destino de Gabriela López Reyes no fuera tan perturbadora de contarse con un sistema que garantizara un eficaz tratamiento terapéutico en casos como el suyo. La niña no sólo ha quedado huérfana por la trágica muerte de sus padres, sino en las garras de una crisis emocional de impredecibles consecuencias por la forma en que ocurrió la tragedia. Su padre, el alférez de fragata Ramón López Contreras, mató a balazos prácticamente en su presencia a la madre de ella Eunice Reyes Mateo cuando ésta se proponía abordar un vehículo del transporte público. Su padre se suicidó de un balazo en la cabeza. Tanto el cadáver de la madre como el del padre estaban tirados en la vía pública, dando lugar a un espectáculo espantoso y conmovedor, máxime en la vida de una niña de siete años que ha sido testigo del funesto acontecimiento.

