Página Dos

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La crisis económica que devora a España, que tiene en el desempleo y en alto índice de endeudamiento dos de sus principales componentes, es un espejo en el cual deben mirarse naciones como República Dominicana. Pero también por sus múltiples efectos, habida cuenta de que se trata de la segunda nación extranjera donde vive un mayor número de dominicanos, después de Estados Unidos, y por su influencia en el turismo. La crisis española incide, por lo tanto, en renglones tan fundamentales como las remesas y en la industria turística. El paro en la península ibérica ha alcanzado a un 22.8 porciento de la población, equivalente a casi 5.3 millones de personas. El cataclismo, que se ha propagado por otros países europeos, aunque con menor intensidad, ha llevado a dos de las economías más sólidas de la región, Argentina y Brasil, a tomar medidas preventivas para sortear sus efectos. Las autoridades dominicanas, que tanto se vanaglorian del crecimiento, deben tomar en cuenta la crisis que se ha abatido sobre España, que llegó a ocupar el lugar número nueve entre las economías más sólidas del planeta, para sortear cualquier malestar. Y, sobre todo, con la crisis que todavía gravita sobre el principal socio comercial, que es Estados Unidos.

Insólita confesión

Resulta insólita la confesión que acaba de hacer el contralor general de la República. Simón Lizardo  al  reconocer la insatisfacción en la población, algo inusual en un funcionario. Pero más inusual es que la atribuya a los pocos recursos que dice maneja el Gobierno, en tanto crece la demanda de servicios de la población. Este aspecto se presta a discusión, pues no sólo se contrapone con los cuantiosos préstamos contratados por las autoridades, sino con el apoteósico crecimiento de que han hecho gala. El problema puede estar en la calidad del gasto. Pero lo extraño es el dejo de sinceridad del también dirigente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) al reconocer una insatisfacción social que desde los predios oficiales se niega. Y más todavía que la supuesta crisis se atribuye a una campaña de la oposición para crear desconcierto. Lizardo  instó a las instituciones públicas a rendir cuentas, con lo que  también sintoniza con las críticas que se han enarbolado.

El Nacional

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