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Radar

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El Gobierno no debería entusiasmarse más de la cuenta con la idea de  establecer de manera permanente el patrullaje de militares y policías que opera  durante la temporada navideña, porque  ningún remedio  que procure frenar el auge de la criminalidad resultaría efectivo sin la transformación de la Policía.

Es obvio que  la presencia en las calles de 20 mil  agentes y 600 militares ayuda a  disminuir  la ocurrencia de crímenes y delitos, pero  son los mismos policías famélicos integrantes de una institución desfasada, que requiere de una rápida intervención  estatal para adecuarla a tiempos de globalización del crimen.

El ministro de las Fuerzas Armadas, Sigfrido Pared Pérez, ha dicho  que el extendido en el tiempo de ese tipo de vigilancia mixta dependerá de los resultados  del patrullaje extraordinario que opera durante el periodo  de Navidad y Año Nuevo.

 Cualquiera que  sea la evaluación de ese operativo, lo aconsejable sería que  el Gobierno  continúe con sus planes de  modificar todo el andamiaje  de la Policía con el propósito de convertirla en una institución eficiente, competente, bien equipada, cuyos integrantes perciban salarios dignos. Se insiste en señalar que el problema de la seguridad ciudadana no se resuelve solo con llenar  las ciudades de guardias y policías.

El Nacional

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