Página Dos

RADAR

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Es alentador que el presidente estadounidense Barack Obama haya reiterado el compromiso de ayudar en todo lo que sea posible en la reconstrucción de Haití. Al calificar de grave la situación de la diezmada nación tras el terremoto del 12 de enero, Obama reconoció que una segunda catástrofe humanitaria provocada por la temporada de lluvia podría ser devastadora para la atribulada República. El retiro de las tropas que Washington desplegó en Haití ha generado malestar, en tanto miles de damnificados han escenificado protestas por los inconvenientes que vuelven a afrontar con los alimentos. Estados Unidos ha sido la nación que más ha contribuido económicamente a paliar el drama de los haitianos, por lo que resulta esperanzador el compromiso manifestado por Obama al presidente René Préval durante un encuentro en la Casa Blanca. Pero la suerte de la nación caribeña está sujeta a los desembolsos que gobiernos, organizaciones y personalidades han anunciado para enfrentar las secuelas del fenómeno.  El problema no se lo pueden dejar a República Dominicana, que desde antes del fenómeno ha tenido que cargar pesado frente a las precariedades del pueblo haitiano. El propio Préval ha reconocido que la situación es dramática.

Azúcar  en crisis

Los altos precios y la escasez de azúcar se han convertido en una amenaza para el pan que se suple en el desayuno escolar. Los panaderos están con el grito al cielo y, para colmo, también se quejan de que el Gobierno no ha saldado una deuda de 300 millones de pesos por el suministro del alimento. Por las múltiples denuncias parece que el Instituto Nacional del Azúcar (Inazúcar) ha contribuido con el malestar con el sistema que ha utilizado para conjurar la crisis. Los comerciantes se han quejado de que Inazúcar los ha excluido de las importaciones que ha autorizado para suplir la demanda. Los panaderos alegan que además de la deuda del Gobierno, de la escasez y los altos precios del azúcar también son afectados por el deterioro del servicio eléctrico y el incremento de las grasas. Cabe esperar que, como en otras ocasiones, pueden resolver en el más breve tiempo los problemas que alegan los panaderos para evitar que el desayuno escolar sufra nuevos percances.

El Nacional

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