Intereses políticos ni de ninguna otra índole deben interferir en la investigación para aclarar las muertes de un chofer y de un cobrador de una voladora afiliada a la Federacíón Nacional de Transporte La Nueva Opción (Fenatrano) durante un incidente ocurrido el jueves en las avenidas Hermanas Mirabal y Charles de Gaulle. El suceso en que murieron el chofer Apolinar Fortuna y el cobrador Freddy Jiménez Paniagua constituye otra muestra sobre la necesidad de regular las rutas y la operación del transporte de pasajeros. Fortuna y Jiménez Paniagua fueron, conforme a las versiones, prácticamente ejecutados por el también chofer identificado como Miguel Angel Pérez y otros cuatro hombres por supuestas rencillas por el control del gremio. Todos los que intervinieron en el suceso tienen que ser capturados y sometidos a la Justicia, aunque haya que remover cielo, mar y tierra. La impunidad no puede convertirse en estímulo de la inseguridad y el desorden que ha caracterizado el sistema de transporte de pasajeros. No puede ser que por falta de autoridad los choferes diriman diferencias a tiros, machetazos y palos en cualquier punto de la ciudad. El suceso es para que las autoridades intervengan con medidas prudentes.
Al margen de las luces
La presencia en Haití de los expresidentes George W. Bush y Bill Clinton sólo ratifica que Estados Unidos tiene su propio proyecto para la reconstrucción del devastado territorio. El encuentro de los ex gobernantes con las autoridades haitianas ha sido anunciado apenas unas horas después de la reunión técnica celebrada en República Dominicana para hablar de las necesidades de la nación. De esa reunión, en la que se dijo participaron representantes de 28 países, salió el compromiso de aportar 3,800 millones de dólares para el diezmado país. Pero Washington sabe que esos compromisos no pasan de declaraciones que se quedan en titulares periodísticos. Con su gestión personal a favor de Haití los ex gobernantes estadounidenses cumplen la misión que les asignó el presidente Barack Obama. Y lo cierto es que con la cuantiosa ayuda económica que se ha prometido y no ha llegado, si Washington se cruza de brazos la situación haitiana puede tornarse más catastrófica todavía.

