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La soledad del Papa
La prensa italiana resalta lo que define como  una crisis sin precedentes en el Vaticano, a causa de una supuesta rebelión de los obispos contra el Papa Benedicto XVI, lo que ha sido desmentido  por el cardenal Tarcisio Bertone, número dos en la Santa Sede. Se afirma que el Papa enfrenta  creciente disidencia por el perdón que confirió  a los excomulgados  obispos febreritas, uno de los cuales negó que se haya producido el holocausto nazi contra los judíos. También rechazarían la orden de excomulgar a una mujer brasileña por haber autorizado el aborto de su hija violada. Los periódicos italianos han sido particularmente voraces en  especular sobre  lo que denominan “soledad del Papa” o “la rebelión de la Curia”, aunque  el vocero del Vaticano ha dicho que “el Papa no está solo, sus colaboradores le son lealmente fieles y se unen a él”. Joseph Ratzinger, quien fue elegido Papa en abril de 2005, escribió una inusual carta pública en la que admite los errores cometidos tras el perdón concedido al obispo que negó el holocausto. Compete a los fieles orar para que Dios ilumine al Papa.

Alentar la  lucha
Se admite que el narcotráfico permea  en mayor o menor medida a instituciones básicas del Estado y de la sociedad, pero en vez de arrimarse al muro de las lamentaciones lo mejor sería que  se arrecie la lucha contra ese flagelo, incluídas las labores de prolifaxis o limpieza de los órganos a cargo de prevenir, perseguir y castigar ese tipo de crimen.

Aunque se  deplora que  dotaciones enteras de la Policía, como las de Bonao y Puerto Plata, hayan sido infectadas por el narcotráfico, satisface saber que  todos los oficiales y subalternos que actuaban como  cómplices o asociados a esa actividad criminal fueron cancelados de  la institución y sometidos a la Justicia.

Algo similar debería referirse sobre  la matanza de Paya, donde  al menos ocho oficiales de la Marina de Guerra participantes en el asesinato de siete colombianos, en un caso relacionado con drogas, fueron también excluídos de esa institución y traducidos a los tribunales.

Al tiempo que se reclama  que todos los estamentos militares, policiales, del Ministerio Público y de la Justicia sean librados de lacras, es menester aplaudir cada vez que uno o más “pejes” caen en el chinchorro de la ley.

Se requiere, pues, que medios de comunicación y ciudadanía  alienten a los mandos militares y policiales en su lucha contra un crimen de lesa humanidad que ha manchado más de una vez  al uniforme castrense, policial, a la toga y al birrete.

 

PIE

Benedicto XVI

 

El Nacional

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