Página Dos

RADAR

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En su carta de intención al Fondo Monetario Internacional (FMI) el Gobierno se compromete a flexibilizar la tarifa de electricidad, así como a aumentar las recaudaciones en 0.2 por ciento del Producto Interno Bruto, que equivale a unos 2,700 millones de pesos. Flexibilizar la tarifa para cubrir tanto el costo de generación, transmisión y distribución como las pérdidas en el sistema significa un alza que tornará más pesada la carga que soportan quienes pagan el servicio. Porque los supuestos carenciados serán beneficiados con el incremento de la cobertura del programa “bonoluz”, que sería elevado de 11 mil a 50 mil usuarios. Lo que no está claro es el instrumento a través del cual el Gobierno contempla recaudar los 2,700 millones de pesos adicionales para fortalecer la meta fiscal. Como de seguro que no será a través de la austeridad del gasto se teme que pueda ser mediante una reforma tributaria. Sin necesidad de leer en entrelíneas, la población debe prepararse para las consecuencias, conforme a la carta de intención, del acuerdo con el FMI. Es muy sintomático, por demás,  que el Gobierno prefiera aplicar  medidas que generarán inflación y golpearán a pequeños y medianos productores después de las elecciones de mayo.

La fe en Dios

Son motivos de reflexión las afirmaciones del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez en el sentido de que los males que afectan a la sociedad se deben a que mucha gente ha perdido el auténtico sentido de la fe en Dios, la solidaridad y la fraternidad. La verdad es que aquí han ocurrido muchas cosas, incluyendo crímenes despiadados, que alejan a la sociedad de los principios cristianos. Pero habría que hurgar en las razones por las cuales la gente no respeta valores ni principios en torno a los cuales giran y se organizan los grupos humanos, y se ha alejado, como alega López Rodríguez, del auténtico sentido de la fe en Dios. Una nación sin creencia, solidaridad, fraternidad ni  ejemplos dignos de enarbolarse, con leyes que no se aplican,  no anda bien y su destino es incierto. El arzobispo metropolitano de Santo Domingo ha tocado un punto que invita a la más profunda reflexión al relacionar los males sociales que abaten a la sociedad con la erosión de los principios.

El Nacional

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